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El decálogo
Diez preguntas para mirar tu negocio y tu web con ojos nuevos. Cinco de negocio y cinco de web, porque una cosa sin la otra no sirve de mucho.
- 10 preguntas
- 5 minutos
- 0 datos que nos des
No hay respuestas correctas. Lo que contestes se guarda en tu navegador: puedes dejarlo a medias y seguir luego, y no se envía a ninguna parte.
¿Qué quieres que haga exactamente quien entra en tu web?
Si hay tres cosas que puede hacer, no hará ninguna. Elegir cuesta, y el visitante casi nunca elige: se va.
Bien. Ahora compruébala: ¿se ve sin bajar, y vuelve a aparecer al final?
Ponlas en orden: una principal y el resto de apoyo. Compitiendo entre ellas, no gana ninguna.
Deberías decidir cuál es la acción principal, y que el resto le abra paso.
Empieza por ahí. Todo lo demás —diseño, textos, campañas— depende de esta respuesta.
Deberías decidir qué quieres conseguir antes de tocar el diseño.
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¿Por qué te compran a ti y no al de al lado?
Si no lo sabes decir tú en una frase, tu web tampoco va a poder decirlo.
Esa frase debería estar en tu portada, no escondida en «sobre mí».
Escríbelo en una sola frase. Si no cabe en una, todavía no está claro.
Deberías decidir qué te hace distinto antes de escribir una línea.
Pregúntaselo a tus tres últimos clientes. Su respuesta suele ser mejor que la tuya, y siempre más creíble.
Deberías revisar qué dice hoy tu web de ti, y si eso es lo que te diferencia.
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¿A quién le hablas?
Hablarle a todo el mundo es hablarle a nadie. El que se siente aludido se queda; el resto pasa de largo, y eso está bien.
Escribe pensando en él, con sus palabras y no con las tuyas.
Probablemente necesitas dos caminos en tu web, no uno que intente valer para los dos.
Deberías decidir si cada público necesita su propia página o comparten una.
Es lo más común, y lo que más diluye el mensaje. Elige a uno y verás la diferencia.
Deberías decidir a quién le hablas primero. A los demás ya llegarás.
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¿Cuánto vale un cliente para ti?
Es el número que decide cuánto puedes gastarte en conseguir uno. Sin él, cualquier inversión es a ciegas.
Entonces ya sabes hasta dónde puedes llegar en una campaña sin perder dinero.
Ponle número: lo que te deja de media por lo que te vuelve a comprar. Con eso basta para empezar.
Deberías revisar cuánto te cuesta hoy traer un cliente, y por dónde llega.
Es el cálculo más rentable que puedes hacer esta semana, y no lleva ni diez minutos.
Deberías revisar el recorrido completo, desde que te descubren hasta que pagan.
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¿Qué haces cuando alguien no compra a la primera?
Casi nadie compra en la primera visita. Si no tienes forma de seguir en contacto, ese interés se pierde y hay que volver a pagarlo.
Mira cuándo fue la última vez que revisaste si sigue funcionando. Lo automático se rompe en silencio.
Funciona hasta que tienes trabajo. Justo cuando más contactos hay es cuando deja de hacerse.
Deberías revisar qué recibe alguien justo después de dejarte sus datos.
Es lo primero que arreglaría, antes que el diseño: ya has pagado por esas visitas.
Deberías decidir cómo sigues en contacto con quien no compró.
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Abre tu web, cuenta cinco segundos y para: ¿se entiende a qué te dedicas?
Es el tiempo real que tarda alguien en decidir si se queda o se va. Sin bajar, sin buscar.
Bien. Mira ahora si también se entiende qué se supone que tiene que hacer ahí.
Tu titular probablemente dice lo que eres en vez de lo que resuelves. Es el cambio que más rápido se nota.
Deberías revisar tu titular: si dice lo que eres o lo que resuelves.
Mejor: empiezas sin nada que deshacer. Esta pregunta es la primera que responderemos contigo.
Deberías decidir qué formato necesitas antes de encargar nada.
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¿Cómo te encuentran hoy?
Cada camino pide una web distinta. La misma página no sirve igual para todos.
Tu web tiene que confirmar lo que ya le han contado de ti. Es una web de confianza, no de captación.
Necesita contenido: sin páginas que respondan a lo que se busca, no apareces.
Deberías revisar si tienes páginas que respondan a lo que se busca.
Necesita una página hecha para esa campaña, no tu portada.
Deberías decidir a qué página llevas cada anuncio, y por qué.
Cuidado: el perfil no es tuyo, la web sí. Lleva ese tráfico a un sitio que controles.
Deberías decidir qué se lleva ese tráfico a un sitio que sea tuyo.
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¿Qué pasa cuando alguien quiere contactarte?
Cada paso de más pierde gente. Y el reloj corre desde que te escriben, no desde que tú lo ves.
Bien. Ahora mira lo otro: cuánto tardas de media en responder.
Ahí se te están yendo contactos, y ni te enteras, porque el que se va no avisa.
Deberías revisar tu camino de contacto entero, desde el primer clic.
Pruébalo tú desde el móvil, como si no conocieras la web. Suele ser revelador.
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¿Sabes cuánta gente entra y qué mira?
Sin datos, cualquier cambio que hagas es una opinión. Con datos, es una decisión.
Mira qué página se lleva más visitas y comprueba si es la que tú creías. Casi nunca lo es.
Ponte una cita fija al mes. Los datos que no se miran no existen.
Es lo más barato de poner y lo primero que echas de menos cuando quieres mejorar algo.
Deberías decidir qué dos o tres números vas a mirar cada mes.
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¿Tu web trabaja cuando tú no estás?
Tu negocio no cierra cuando cierras tú. La pregunta es qué pasa a las once de la noche.
Comprueba que sigue funcionando y que responde lo que hoy dirías tú.
Ahí tienes margen, y no hace falta un equipo para cubrirlo.
Deberías decidir qué tareas pueden hacerse solas.
Escríbete tú mismo esta noche y mira qué pasa. Es la prueba más rápida que existe.
Deberías revisar qué podrías delegar sin perder el trato cercano.
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